El hombre olvido que fue hecho de barro.
Hoy somos estatuas en un viejo carro.
Cambiamos el soplo por humo y cenizas.
La ley de lo eterno y nos causa risa.
No hay arca que guarde nuestra propia soberbia.
La culpa es la lluvia que el cielo reserva.
Buscamos el templo en altares de acero,
vendiendo la túnica a un falso mercadero.
La vid se ha secado en panes de arena,
y el alma se arrastra cargando su cadena.
Avisus... avisus
Mirad hacia arriba, el cielo está herido.
El trueno reclama lo que hemos perdido.
Ven nuevo diluvio bautiza la tierra,
que el mal devore nuestra propia guerra.
Merecemos el juicio, la inundación sagrada,
que no quede rastro de nuestra pisada.
Que suba el abismo, que limpie la culpa.
Que el verbo decida y que el mundo se esculpa.
Ven nuevo diluvio, bautiza la tierra.
Que el mar devore nuestra propia guerra.
Merecemos el juicio, la inundación sagrada.
Que no quede rastro de nuestra pisada.
Que suba el abismo, que limpie la culpa.
Que el verbo decida y que el mundo se esculpa.