Abrimos las venas de los ríos sagrados,
forzamos el cauce, el ciclo fue alterado.
El agua que ayer era vida y sustento,
hoy brota en cristales de sal y de lamento.
La tierra está blanca, herida de muerte,
cosechas de polvo... ¡un campo inerte!.
El cálamo cae, la arcilla se quiebra,
se apaga el sentido, el verbo se enreda.
Ya no hay conceptos, solo la silueta,
un rastro de símbolos, la voz incompleta.
Perdimos la lengua en la hiperconexión,
un glifo vacío... ¡es nuestra oración!.
¡MIRA EL ORIENTE!!! Donde el sol nace en llamas...,
Las tribus acechan, por tu pan y tu agua.
Despreciaste sus vidas, ignoraste su mal,
de un pueblo vacío... ¡por tu ansia de ganar!
¡VIGILA OCCIDENTE!!! La oscuridad acompaña...,
Otro pueblo con hambre, la misma mirada.
Despertamos la guerra, guardando el metal,
Indiferencia amarga, ¡mezquindad mortal!
Hammurabi observa, el flujo es su espada,
estrangula la vida, la sed es programada.
Corta el torrente, la sequía es su ley,
el hambre es el arma que sirve a este rey.
Ataque relámpago, la inundación final,
el agua hoy es sombra... puro control estatal.
Ya no es Enlil quien dicta el destino,
cambian los nombres, se tuerce el camino.
Marduk asciende en la torre sagrada,
una fe nueva, una mente influenciada.
No mueren los dioses, solo su mando,
nos han convencido... ¡SEGUIMOS MARCHANDO!!!!.
Veinte inviernos de muros y calma,
mientras el mundo desgarra su alma.
Babilonia despierta en su altar de metal,
mientras Ur se arrodilla en su acto final.
Ibbi-Sin marcha encadenado al olvido,
el último aliento de un reino vencido.
Sumeria es ceniza, lenguaje y sal...
Bienvenidos al Código.
Bienvenidos al mal.